
- Sosa es un pelotudo!!!
Dijo con los ojos rojos y las venas hinchadas de bronca el DT. No había sido de lo peor en el partido, pero Sosa se llevaba todos los insultos de los hinchas. Cada vez que encaraba al marcador de punta y tiraba el centro muy pasado el rumor de la tribuna no era el mejor. Incluisve se llegó a escuchar que una de las chicas de la platea agradecía a Dios que no era su novio. Todo mal.
Aún asi el desarrollo del match no le favorecía en nada al equipo de Sosita, todos los rebotes le quedaban al rival, todos. Ni siquiera una que aconteció mientras moría el primer tiempo y el arquero rival salía a buscar un centro muy lejos de su órbita y deja boyando un balón cerquita de los pies de Sosa, que no pudo conectar con comodidad y la pelota sale mansita por al lado del poste izquierdo. El UHH!! fué instantáneo y al mismo tiempo sobrevino una oleada de insultos dónde el menor fué el de perro o muerto o quizás otros, dependa de quién los diga o de quién lo oyera.
Al término de la primera etapa, se dirigió cabizbajo hacía el descanso, necesitaba descansar de tanta presión desgastante sobre sus hombros y sus oidos llenos de insultos, su cabeza cargada de jugadas inconcretas y marradas, todo era desilusión. Daban ganas de quedarse en las duchas, de no salir al segundo tiempo, ni nunca.
Sin embargo el esperado "Sosa, vos quedate" del DT en el entretiempo nunca llegó. En ésos quince minutos eternos a Sosa lo carcomían los nervios, no soportaba más los insultos y no tenía fuerzas para seguir ni revertir la situación.
"Dolor por dolor", recordaba frases que lo salvaran del momento y ninguna caía perfecto, sólo "que Dios ayude" parecía apaciguar la conciencia o ésa parte de la tranquilidad que necesitaba Sosita para entrar nuevamente a la cancha.
Las imprecisiones continúan en la parte final del encuentro y Sosa no es la excepción, para colmo el equipo contrario se florea llegando en cuatro toques al área de gol. Sosa está a punto de llorar, se le nota en la cara, en el gesto, en la tribuna. Allí ve la señal del referí indicando que en dos minutos acabará su sufrimiento, su calvario, que al otro día deberá quedarse dentro de su casa, no salir, para evitar encontrarse con los fanáticos que son implacables en la crítica y en el insulto.
Cada vez que Sosita levantaba la cabeza y dirigía su mirada hacia las gradas del estadio, veía a la gente de pie, insultando al equipo y sobre todo a él, a él que tanto había hecho por el club, en fin, el fútbol es asi. Las reglas del juego.
El resultado, anecdótico para Sosa en ése momento, determinaba que el rival llevaba el marcador arriba por uno a cero, y que simplemente era superior en todos los aspectos del juego. "Psicológicamente" dirán los especialistas, ésos que no tienen ni idea de lo que es ser denostado, ofendido por tu propio público, ésos que como con la pelota no tienen habilidad, tratan de tener la habilidad con la lengua o la birome "de periodista que se muere por tocar" recordaba Sosa.
Toda ésa imagen en dos terribles minutos, parecían años. La realidad cachetea rápido, te vuelve en sí de un trompazo reparador y le devolvió a Sosita la audición y el movimiento de las cosas en tiempo real, lo vuelve con un pase en profundidad que le tira Giuliani entre los centrales rivales, que quedan atónitos y ven la espalda de Sosa encarando hacia el arco el número 9 se les hace cada vez más chico, o más grande, el griterío se hace insoportable y obviamente ya arrancan con insultos sobre la posible conclusión de la jugada. Sosita corre e intenta redimirse en esa carrera. Por lo menos llegar y apuntar al arco, ¡que vaya al arco Dios Mio! - Pensaba Sosa. En la interminable corrida vé por el rabillo del ojo que sale a cruzarlo el marcador de punta izquierdo tratando de relevar a los centrales esquivados por Sosa. Piensa: "Amago y encaro para adentro..." todo en milésimas de tiempo y sus piernas hacen lo que su corazón le pide, adiós al defensor rival que queda ridículamente desparramado. Queda el temeroso arquero al que se le nota en su rostro que tiene frente a si al mejor Sosa, al Sosa que quiere la gente, el que diera 13 goles en la temporada pasada y ubicara al club cerca de la gloria, muy cerca. El que firmaba autógrafos en la puerta de los colegios del barrio, ése que se veía venir este arquero que ya dándose por vencido antepone una actitud muy propia del guardavalla que presiente el peor final de una jugada de gol que es soñada y que nadie quiere ser el arquero de una jugada de gol soñada. Sosa analiza la postura del arquero y decide picarla sobre el cuerpo del golero regalado. Ya soñaba la tapa de las revistas. "Un golazo que no alcanzó pero golazo al fin" titularía la prensa del club. "Un Sosa auténtico" encabezarían los muchachos del diario local. La pelota inicia un viaje indeterminado que conduce a la gloria o al cadalso mismo, la tribuna enmudecida espera que flameé la red y que Sosa venga al alambrado a festejar con los hinchas y regalar su camiseta, casi soñado. Casi, porque la pelota pega en el travesaño y sale por arriba del arco cayendo mansita en las manos de un alcanzapelotas ubicado detrás del arco, que al alzar la vista y ver la Dantesca imagen decide taparse los oidos.
Nunca nadie escuchó en otro lugar del mundo el tamaño y la duración de las puteadas que aquella tarde se gritaron.

